Cómo quieres definir, niño, lo que es ser un piloto. Basta
con que camines dos pasos hacia la entrada de mi oficina, me mires por la
ventana, ahí, toda apesadumbrada, mirando el reloj que va más deprisa que un
anciano con flojera. Vuelvo a mirar el reloj, ya marcan las siete, y me
pregunto ¿qué diablos, hace dos minutos ya pasaban de las siete? No era mi día,
ni lo fue el día anterior. Te da media vuelta y te vas a sentar a aquel
cafecito en donde me esperarías, claro, me esperarías para hacerme un
drama.
Por fin, dan las siete con cinco, mi jefe no me pidió nada
(gracias a Dios, tenía que haber salido 6:30 como siempre...como nunca) agarro
mi bolsa y salgo corriendo.
Llego al café, tú ya estabas ahí, ya habías pedido tu café,
como te gusta (con mucha leche en polvo y azúcar, como lo toman los niños que
están conociendo el sabor del amargo por excelencia) me miras de reojo, no te
levantas si quiera, veo molestia...huelo molestia.
Una vez más llegué tarde, perdón (digo con cortesía) él me
dice, no es suficiente, pero es bastante, he decidido que no puedo más con tu
sentido de responsabilidad, ¿qué acaso no soy yo más importante que tu trabajo?
¿Qué acaso no es mi necesidad, la tuya? perdón, yo necesito a alguien que no
trabaje, a alguien que no le interese ser responsable, yo necesito a alguien
que nunca llegue tarde y me ponga sobre todas las cosas.
En mi cabeza pasaban miles de cosas, sobretodo había enojo,
enojo porque esa serie de peticiones no tenían ni pies ni cabeza, eso sí, mucho
estómago. Busqué en mi vocabulario qué decirle, no había forma de que
contestara de forma racional a algo tan irracional, estuve ahí casi un minuto,
buscando, no encontraba nada que decirle, nada qué darle... se levantó de ahí,
me vio y me dijo "¡me voy!"
Me quedé ahí, estupefacta, pensando miles de cosas, en mi
cabeza no había nada, todo estaba en el corazón, me sentí engañada, quizá había
hecho mal en haber sido responsable, ¡sí! eso había sido, volví a buscar en mi
cabeza alguna frase qué decir, algo que me hiciera sentido. Sonó mi celular, el
sonido venía desde dentro de mi bolsa, al abrirla me encontré con algo mucho
más que el celular, había ahí dentro algo que había estado buscando minutos
antes, ahí estaba, radiante, como nueva, y entonces entendí lo que pasaba, la
guardé durante mucho tiempo que la olvidé... ¡la sonaja del niño!
oV
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